Festes d'Hivern (2)

Ruido y pólvora

   Al buen humor y entusiasmo -comunes a ambos grupos- hay que añadir el enorme gasto que les supone la compra de cohetes "borrachos" (también llamados "carretillas" o "buscapiés") que pone esa nota de ruido y pólvora, inevitable en toda celebración festiva alicantina. Cerca de mil docenas se queman en algo más de una hora, y en un espacio tan reducido como el de la placita del antiguo Ayuntamiento. Durante ese tiempo, a cualquiera que se le ocurra pasar por allí habrá de sujetarse a las leyes de la fiesta, que imponen una pequeña aportación económica. Si se niegan, ya saben: carretillas a mansalva y un buen baño de harina o polvos de talco.

Impuestos y multas

   El paso siguiente es el de recabar impuestos de comercio por comercio, banco por banco. Para ello se forma una comitiva, curiosa y heterodoxa donde las haya, encabezada por el alcalde de els Enfarinats. Juntos entran en las tiendas, en las farmacias, en los supermercados... Llevan un metro que mide lo menos tres, un peso totalmente irregular, una letra de cambio inmensa.

   Naturalmente, con estos puntos de referencia, nadie se ajusta a lo establecido: así pues todos han de pagar unas multas que se destinan al asilo de ancianos. Estos hombres, serios y formales en su vida diaria, se vuelven por un día alocados y subversivos: el mundo al revés. Aún así, en esta jornada de inversión de valores, hay quienes se empeñan en recordarle al forastero que ellos son unos señores respetables, pero que la fiesta es la fiesta y en el día de els Enfarinats todo está permitido.

Enharinados

   Mientras se realiza el recorrido de rigor, enfarinats y oposición siguen con su batalla particular. Para entonces ya están completamente blancos, cubiertos de polvos de talco, cuyos botes aparecen como por arte de magia. Todos dan rienda suelta a su imaginación, hacen aquello que les viene en gana, aunque siempre dentro de un cierto orden. Pero la verdad es que están graciosos, ocurrentes y, a estas horas, un pelín colocados; en general la gente acepta de buen grado sus bromas y muchos toman parte en ellas.

   El recorrido acaba pasadas las dos de la tarde. Ahora, hay que reponer fuerzas, lo que hacen en torno a una larga mesa al aire libre. Allí, algunos años, incluso entre nieve, reparten un inmenso perol de llegum, plato hecho a base de carne de cerdo y judías blancas, realmente exquisito. Y, entre cucharada y cucharada, docenas de cohetes borrachos por entre los pies, que ellos reciben impertérritos, a pesar del estrépito, la humareda y, porqué no, el peligro.

Dançá y tapats

   Tras la comida, el grupo se dispersa por los bares en busca del café y la copa. Con el estómago lleno, saben que su protagonismo está llegando a su fin. Pronto se verán rodeados por els tapats (los tapados), personajes que dan a la fiesta -por si no lo tenía ya- un inequívoco aire carnavalesco. Van disfrazados de las formas más variopintas, con una característica común: el rostro ha de ir cubierto de tal manera que sea imposible reconocer no sólo a la persona sino su sexo. Así, el equívoco está asegurado, y muchas de las esposas de els Enfarinats y la oposición tienen, en esta tarde del 28 de diciembre, la oportunidad para su pequeña venganza.

   La dançà, ya cuando cae la tarde, se abre con el grupo de danzantes -ellas, con ricos trajes; ellos, cubiertos con elegantes capas-, al que previamente el alcalde de els Enfarinats, en el último acto de su mandato, ha dado el permiso correspondiente. Con este gesto acaba su efímero reinado, hasta el día de los Santos Inocentes un año después.