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"Éxodos"
- Sebastiao Salgado
DEL 28 DE MAYO AL 20 DE JUNIO DE 2004
CENTRO CULTURAL DE LA VILLA DE IBI
Inauguración: 28 de mayo, 20:00 h.
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EMIGRANTES Y REFUGIADOS: EL INSTINTO DE SUPERVIVENCIA
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La mayoría de los emigrantes deja sus hogares llenos de esperanza; los refugiados lo hacen llenos de miedo; pero a todos les guía el instinto de supervivencia. Atrapados en una vorágine de pobreza y de violencia que no pueden comprender, su única salida es huir hacia delante.
Casi todos los emigrantes del Tercer Mundo se dirigen a las ciudades, donde se unen a los familiares que les precedieron y donde, con el tiempo, acaban construyendo sus propias viviendas precarias. Los más ambiciosos tienen por meta Europa y los Estados Unidos. Sus viajes son largos y peligrosos, pero, entre otros, hay mejicanos, marroquíes, vietnamitas y rusos que piensan que vale la pena correr esos riesgos por alcanzar el sueño de una vida mejor. Si lo consiguen, no suelen volver la mirada hacia lo que dejaron atrás.
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Por el contrario, los civiles, víctimas principales de las actuales guerras regionales, nunca se convierten en refugiados por voluntad propia. Kurdos, afganos, bosnios, serbios y kosovares han sido obligados por millones a huir de sus pueblos y ciudades. Al igual que los palestinos, que han pasado décadas viviendo en campos de refugiados, sueñan con volver a casa. Para algunos, sin embargo, la ruptura con el pasado se hace permanente: de refugiados pasan a convertirse en exiliados, y de exiliados en emigrantes.
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LA TRAGEDIA AFRICANA: UN CONTINENTE A LA DERIVA
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Durante mucho tiempo, África se ha visto traumatizada por el sufrimiento y la desesperación; sus gentes están marcadas por el hambre, la pobreza, la corrupción, la tiranía y la guerra. A esos azotes se suma ahora el SIDA, que está haciendo estragos entre la población de muchos países del sur y el centro del continente. Poco a poco se han desvanecido las esperanzas suscitadas por la independencia hace cuarenta años: Las cosas están empeorando en casi todas partes.
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Hasta las inundaciones de este año, Mozambique fue una extraña excepción: por fin había terminado una guerra civil prolongada durante décadas, permitiendo que cientos de miles de refugiados vuelvan a sus casas. Pero los conflictos continúan asolando Angola y el sur de Sudán, forzando la huida de millones de personas. Como siempre, los civiles, incluyendo los niños forzados a enrolarse en el ejército, se convierten en peones indefensos dentro de las luchas por el poder y el dinero de los caciques políticos, religiosos y tribales de turno.
A veces se tiene la impresión de que los Estados Unidos y Europa han dado por perdida a África. Desde luego, hicieron muy poco para detener el genocidio que tuvo lugar en 1994 en Ruanda, en el que se estima que pudieron morir un millón de
tutsis. Los problemas de Ruanda se extendieron luego al Zaire (actual Congo), donde cientos de miles de refugiados hutus se convirtieron en víctimas de las políticas étnicas del África Central. Hoy, incluso los países vecinos al Congo han entrado en la guerra.
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LATINOAMÉRICA: ÉXODO RURAL, CAOS URBANO
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La historia reciente de Latinoamérica ha sido moldeada por la emigración de decenas de millones de campesinos hacia zonas urbanas. Con las mejores tierras de cultivo concentradas en las manos de una rica minoría desde épocas coloniales, la población rural latinoamericana siempre ha tenido que luchar duramente por su supervivencia. Pero la mecanización de la agricultura y el uso creciente de tierras fértiles para la ganadería intensiva han hecho que sea casi imposible para los campesinos sin tierra encontrar un buen trabajo. La emigración es la única salida a medida que la familia crece.
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Algunas comunidades no quieren rendirse: Los indios del Amazonas luchan para impedir que los especuladores del oro y las compañías madereras destruyan su hábitat; los rebeldes zapatistas del sur de México intentan recobrar las tierras de que se apoderaron los aliados del régimen político; el "Movimiento de los sin tierra", en Brasil, ya convertido en una fuerza política bien organizada, ocupa las grandes fincas privadas desaprovechadas resistiendo la represión de los terratenientes.
Para la mayoría, sin embargo, la batalla está perdida: casi todos los que viven en las aldeas de montaña de Ecuador son mujeres y niños, los hombres han tenido que emigrar a las ciudades o a la costa. Y a escala continental, el resultado inevitable de este éxodo son inmensas e ingobernables metropólis como Ciudad de México y Sao Paulo, donde, rodeados de barrios de chabolas atestados de inmigrantes, incluso los privilegiados viven asediados por la violencia urbana.
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ASIA: EL NUEVO ROSTRO URBANO DEL MUNDO
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La huida de la pobreza rural ha proporcionado a Asia un nuevo perfil urbano. Las ciudades se han convertido en imanes irresistibles para los campesinos del estado indio de
Bihar, para los granjeros de la isla filipina de Mindanao, para los pescadores de Vietnam. Hipnotizados por la imagen que ofrece la televisión de la vida urbana, los emigrantes no suelen ser conscientes de las dificultades que les esperan. Y el éxodo continúa.
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De El Cairo a Shangai, de Estambul a Yakarta, de Bombay a Manila, esta emigración (ayudada por las altas tasas de natalidad) ha hecho surgir megalopólis del tamaño de Sao Paulo y Ciudad de México. Casi todas las ciudades más grandes del mundo se encuentran ya en Asia. Y la tendencia es irreversible: el rápido crecimiento económico de los años 80 y de gran parte de los 90 aceleró el crecimiento urbano, pero cuando la economía de los países asiaticos se colapsó brevemente a finales de la pasada década, ningún emigrante volvió a su tierra de origen.
En ningún lugar el cambio ha sido más repentino que en
Shanghai: en apenas una década, las metrópolis del sur de China se han transformado hasta ser imposibles de reconocer. A pesar de sus rutilantes centros comerciales y edificios de oficinas, típicos de la nueva China, Shanghai aún no es capaz de proporcionar trabajo y vivienda apropiados a su población desbordante. En este sentido, es el típico ejemplo de gran ciudad asiática: una vida mejor para los que llegan sin nada es más una promesa que una realidad.
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NIÑOS DE HOY
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Los niños fotografiados aquí son como las decenas de millones que pueden verse en los poblados de chabolas, los campamentos de refugiados y los asentamientos de campesinos que se esparcen por Latinoamérica, África, Asia y Europa; fueron, en ese sentido, escogidos al azar. Pero también detentan una individualidad orgullosa, porque de ellos partió la decisión de ser fotografiados.
Un buen día, vieron a un extranjero con una cámara y se precipitaron ruidosamente hacia la novedad. A cambio de permitir al visitante trabajar con calma, se les invitó a ponerse en fila para ser retratados. Su actitud cambiaba de pronto. Uno a uno, se enfrentaban a la cámara y decidían el modo en que serían fotografiados.
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Siempre que hay una situación crítica, los niños son las principales víctimas. Son intrínsecamente inocentes, pues no poseen ningún control sobre su propio destino. Y aunque su historia sea la de sus padres, experimentan y narran sus vidas a su manera. Sus ropas, sus poses, sus expresiones y sus ojos nos hablan de tristeza y de sufrimiento, pero también de humor y de esperanza. O eso queremos imaginar.
En realidad, sólo podemos imaginar lo que están sintiendo. Al menos, les vemos como eligieron ser vistos. En pie, solos en el universo de la fotografía. Y puede que por primera vez en sus jóvenes vidas hayan tenido la oportunidad de decir "Yo soy".
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