|
SPOT
de CARLES ALBEROLA y ROBERTO GARCÍA
Se dirigen a los espectadores, representan situaciones ágiles y cortas en una serie de escenas muy bien hilvanadas, con algunas pausas donde surgen la música, una canción o unos pasos de baile. Tienen chispa, notable soltura y muchas tablas. Seducen en cuanto arrancan. Son comerciales, pero de una contemporaneidad joven, ligera y desenfadada no ausente de crítica. Uno de los colectivos con mayor proyección y solidez. Valenciano, en este caso. Es la fórmula del éxito de Albena Teatre. Disfrutan y hacen disfrutar.

El asunto de "Spot" gira en torno a la publicidad sus secuelas. El mundo girando alrededor del dinero. La contaminación publicitaria que nos da respuesta para cada cosa, que nos maneja como quiere con nuestro amparo. Una especie de filosofía popular en la que siempre hallamos soluciones prácticas. Un paisaje gris que despierta estímulos en la religión de la compra compulsiva, en el uso y abuso de las marcas, hasta convertirnos en títeres. Unos y otros nos dirigen el rumbo, nos dicen cuando es primavera o cuando es Navidad, organizan nuestro destino, hacemos y decimos lo que a los intereses comerciales les conviene. Anuncios, y a consumir como principal aliciente. Y ahí nos lo recuerdan Alfred Picó, Noelia Pérez, Carles Alberola y Verónica Andrés. Magníficos.
Todo ello a partir de lo cotidiano, del manido tema de las relaciones de pareja y sus circunstancias. Una sucesión de apuntes rápidos sobre desavenencias, crisis, engaños, amor y desamor, homosexualidad... Superficiales, desde luego, sólo un motivo para jugar. Así nacen las conversaciones apoyadas en los slogans famosos que nos han invadido o nos invaden a través de la "caja tonta". Forman parte de nuestra memoria colectiva: "Yo soy aquel negrito del África tropical", "Un poco de pasta basta", "Póntelo, pónselo", "La ilusión de todos los días", "Red Bull te da alas"... Unos personajes que parecen vivir dentro de una cadena agobiante de spots sin tregua. ¿Les suena de algo?
Roberto García y Alberola, esta último dirigiendo también, divierten y empujan a la reflexión, y eso en teatro es lo menos que debe pedirse. Son hábiles en todas las piezas que escriben juntos, y vuelve su trabajo en papel de regalo y lo sirve en un sencillo espacio pero lo suficientemente atractivo. Una dulce e ingeniosa golosina, en la que no falta el dios Consumo, la grave voz de Constantino Romero.
|